Resolución 36/1.
Promoción de la integración y participación social de toda la gente,
incluidos los grupos y personas
desfavorecidos y vulnerables[1]
La Comisión de
Desarrollo Social,
Habiendo examinado el
tema prioritario para 1998, "Promoción de la
integración y
participación social de toda la gente, incluidos los grupos y
personas desfavorecidos
y vulnerables",
1. Toma nota del informe
del Secretario General sobre la promoción de la
integración y
participación social de toda la gente, incluidos los grupos y
personas desfavorecidos
y vulnerables[2];
2. Decide aprobar las
siguientes conclusiones convenidas y transmitirlas
al Consejo Económico y
Social para que éste las examine en su período de
sesiones sustantivo de
1998 y adopte medidas de seguimiento apropiadas;
3. Decide también
transmitir las conclusiones convenidas a la Comisión
Preparatoria del período
extraordinario de sesiones de la Asamblea General en el
año 2000 para llevar a
cabo un examen y evaluación generales de la aplicación de
los resultados de la
Cumbre Mundial sobre Desarrollo Social, incluido el período
de sesiones de
organización de la Comisión (19 a 22 de mayo de 1998), y a la
Comisión de
Estupefacientes, en su segundo período de sesiones (16 a 20 de marzo
de 1998) como órgano
preparatorio del período extraordinario de sesiones de la
Asamblea General de
junio de 1998, dedicado a la lucha contra la producción, la
venta, la demanda, el
tráfico y la distribución ilícitos de estupefacientes y
sustancias sicotrópicas
y actividades conexas.
CONCLUSIONES CONVENIDAS
SOBRE LA PROMOCIÓN DE LA INTEGRACIÓN
Y PARTICIPACIÓN SOCIAL
DE TODA LA GENTE, INCLUIDOS LOS GRUPOS
Y PERSONAS
DESFAVORECIDOS Y VULNERABLES
1. La mejor manera de
promover la integración social es hacerlo en
estrecha armonía con los
esfuerzos por ampliar el empleo productivo y erradicar
la pobreza, habida
cuenta de que se refuerzan mutuamente.
2. La responsabilidad
principal de la promoción de la integración social
corresponde a los
gobiernos nacionales. El desarrollo social no puede lograrse
satisfactoriamente sin
la dedicación y los esfuerzos colectivos de la comunidad
internacional. En este
contexto, la comunidad internacional debe apoyar
enérgicamente las
actividades que realizan los países en desarrollo para
resolver sus graves
problemas económicos y sociales. Para poder cumplir este
cometido, será necesario
ampliar y fortalecer la participación de todos los
países, en particular
los países en desarrollo, en el proceso de adopción de
decisiones económicas a
nivel internacional.
3. La mundialización de
la economía plantea oportunidades y desafíos en
el proceso de
desarrollo, y al mismo tiempo entraña riesgos e incertidumbre.
Como resultado de ese
proceso de mundialización y de creciente interdependencia
en las esferas
económica, social y ambiental, son cada vez más numerosos los
problemas que los países
no pueden abordar eficazmente por sí solos. En
consecuencia, se
necesita la cooperación internacional. Además, los agentes no
estatales de alcance
mundial, como las empresas transnacionales, las
instituciones
financieras privadas y las organizaciones no gubernamentales,
tienen importantes
funciones que desempeñar en la nueva red de cooperación
internacional.
4. La cooperación
mundial y la asociación se deben basar en la igualdad
soberana y en el respeto
y el beneficio mutuos. Deben tener presente las
diferencias en el nivel
de desarrollo de los diversos países y la necesidad de
acortar la distancia que
separa a los países desarrollados de los países en
desarrollo. De
conformidad con los compromisos asumidos en la Cumbre Mundial
sobre Desarrollo Social,
es necesario que los países cumplan el compromiso
relacionado con la
asistencia oficial para el desarrollo (AOD) y que
proporcionen recursos
adicionales y aumenten las corrientes de recursos tanto de
fuentes públicas como
privadas hacia los países en desarrollo, en particular los
menos adelantados, con
miras a promover sus programas de desarrollo social.
5. Los países con
economías en transición, en los que están en marcha
transformaciones
políticas, económicas y sociales fundamentales, también
necesitan el apoyo de la
comunidad internacional.
6. Cuando los efectos de
la mundialización sobre la integración social se
refieren a la
inestabilidad de los mercados de trabajo, el empobrecimiento, la
mayor vulnerabilidad y
la marginación de individuos y grupos, deben ser atacados
mediante medidas
positivas a los niveles local, nacional, regional e
internacional a fin de
reducirlos al mínimo y promover el desarrollo social.
Hay que hacer todo lo
posible por asegurar que la mundialización ofrezca
oportunidades a todos
los países, en particular a los países de África y a los
menos adelantados.
7. Las asociaciones
entre gobiernos, el sector privado y la sociedad
civil son necesarias
para promover prácticas comerciales éticas, entre otras
cosas, mediante códigos
de conducta voluntarios que contribuyan a la integración
social. Las
organizaciones internacionales pertinentes, como la Organización
Internacional del
Trabajo (OIT), la Organización de Cooperación y Desarrollo
Económicos (OCDE), la
Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y
Desarrollo (UNCTAD), la
Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo
Industrial (ONUDI) y el
Banco Mundial, deben ser alentadas a apoyar este
proceso.
8. Para asegurar que las
políticas macroeconómicas orientadas hacia el
crecimiento establezcan
sociedades con un alcance más amplio, se debe prestar
atención a la
integración del desarrollo social, incluida la maximización del
crecimiento del empleo
productivo y la promoción de la integración social.
9. El desarrollo social,
y en particular la erradicación de la pobreza,
facilitan el disfrute de
todos los derechos humanos por todas las personas. La
integración social debe
buscarse en cada país sobre la base del respeto de todos
los derechos humanos y
las libertades fundamentales, la diversidad cultural y
religiosa y las
necesidades especiales de los grupos vulnerables y
desfavorecidos, la
participación democrática y el imperio de la ley.
10. El desarrollo social
exige que las personas sean el objetivo central
del desarrollo, basado
en la dignidad inherente y el valor de la persona humana.
Requiere también el
respeto de todos los derechos humanos y las libertades
fundamentales, incluido
el derecho al desarrollo. El desarrollo social facilita
el disfrute de todos los
derechos humanos. La pobreza es una causa de exclusión
social. Un entorno
económico favorable a nivel internacional reforzaría la
eficacia de las
políticas de desarrollo social a nivel nacional.
11. El desarrollo social
exige también el respeto de todos los derechos y
libertades establecidos
en la Declaración Universal de Derechos Humanos[3].
Todos
tienen derecho a un
orden social e internacional en el que puedan realizar
plenamente los derechos y
libertades establecidos en la Declaración Universal de
Derechos Humanos.
12. El desarrollo social
y la integración social exigen criterios amplios
y generales y deben
abordar las causas fundamentales de la exclusión social o la
marginación.
13. La integración
social exige también inversiones en instituciones
sociales y capital
social, el mejoramiento de las redes sociales, la creación de
un consenso y el fomento
de la capacidad individual y de las organizaciones,
especialmente de quienes
viven en la pobreza o están marginados de otra manera.
Las políticas de
integración social deben respetar la diversidad cultural y
prevenir la exclusión
sobre la base de la cultura.
A. Promoción de la
integración social mediante un gobierno
responsable, la plena
participación en la sociedad, la
no discriminación, la
tolerancia, la igualdad y la
justicia social
14. Los gobiernos tienen
la obligación de crear un entorno en que se
propicie la
participación, se desarrolle el potencial de las personas y se
combatan todas las
formas de discriminación, incluida la discriminación contra
las mujeres, las
minorías y los grupos vulnerables y en desventaja.
15. La promoción de un
gobierno mas responsable que sea representativo y
transparente, y que
rinda cuentas, es un factor importante para mejorar la
integración y la
justicia sociales y la participación plena.
16. La participación,
que se expresa de diversas formas y se traduce en
diversas prácticas, debe
promoverse en todos los planos: nacional, regional e
internacional. La participación
de los ciudadanos en las actividades de la
comunidad, en el
gobierno local y en el plano nacional constituye un objetivo
fundamental.
17. La potenciación de
las comunidades en el plano local, entre otras
formas, mediante la
descentralización, es un factor importante para la promoción
de la participación
plena. Se alienta a los gobiernos a desarrollar el
potencial de las
comunidades y los gobiernos locales y a promover la
participación de las
personas en todas las cuestiones que las afecten.
18. Las actividades de
carácter voluntario, incluidas las actividades de
las organizaciones no
gubernamentales y de los grupos de autoayuda son un
importante medio para
prestar y mejorar servicios, y para fortalecer la
promoción de intereses
en los planos local y nacional; es preciso alentar y
reconocer esas
actividades, entre otras cosas, teniendo en cuenta debidamente
los conocimientos y las
aptitudes que se adquieren en la realización de esas
actividades voluntarias.
19. Para construir una
sociedad más inclusiva, hay que perfeccionar las
normas que promueven el
desarrollo y la integración social estableciendo
mecanismos para tener en
cuenta las diversas opiniones y perspectivas y
promoviendo la
participación de todas las personas, en particular las personas
vulnerables y
marginadas.
20. Un entorno favorable
a la formación y el desarrollo de organizaciones
de la sociedad civil a
todos los niveles, y la interacción activa de esas
organizaciones con las
instituciones públicas contribuyen considerablemente al
aumento de la
participación, teniendo en cuenta su contexto nacional concreto.
21. En el contexto de la
formulación de instrumentos y programas de
política para promover
"una sociedad para todos", dos consideraciones deberían
orientar las medidas para
fomentar la participación de todos los individuos y
grupos, la
interdependencia de todos los miembros de la sociedad y la posible
contribución colectiva
de todas las personas a lo largo de toda su vida.
22. A este respecto, el
Año Internacional de las Personas de Edad que se
celebrará en 1999 brinda
a todos los agentes, en todos los planos una
oportunidad, de adoptar
medidas prácticas para asegurar que las personas de edad
puedan integrarse
plenamente en la sociedad y seguir participando en ellas,
promoviendo así el
objetivo de una "sociedad para todas las edades".
23. La familia es la
unidad básica de la sociedad y, como tal, debe ser
fortalecida. La familia
tiene derecho a que se le preste apoyo y protección.
En diferentes sistemas
culturales, políticos y sociales coexisten diversos tipos
de familias. Se deben
respetar los derechos, las capacidades y las
responsabilidades de los
miembros de la familia.
24. Se debe prestar
apoyo a la familia para que pueda cumplir sus
funciones de apoyo,
educación y dirección y para que contribuya a la integración
social, y esta ayuda
debe abarcar: a) fomentar las políticas económicas y
sociales que tienen por
objeto satisfacer las necesidades de las familias y de
sus miembros,
especialmente los más vulnerables y desfavorecidos, prestando
especial atención al
cuidado de los niños; b) velar por que los miembros de la
familia comprendan y
asuman sus responsabilidades sociales; c) promover el
respeto mutuo, la
tolerancia y la cooperación en el seno de la familia y de la
sociedad; d) promover la
igualdad entre hombres y mujeres en la familia.
25. En situaciones en
que las estructuras familiares se han visto
erosionadas o han
quedado destruidas, como en el caso de conflictos, condiciones
de pobreza extrema o desastres
naturales en que la reunificación familiar es
imposible, es importante
promover otras disposiciones de protección, teniendo
siempre presente los
intereses de los que necesitan ese cuidado.
26. La participación en
el trabajo productivo, en otras actividades
económicas y en la
adopción de decisiones económicas mediante distintas formas
de asociación incluidos
los sindicatos y la participación de los empleados en la
empresa, son aspectos
indispensables para la integración social y el bienestar.
Entre otras medidas
importantes que hay que adoptar en este sentido cabe
mencionar el
establecimiento y la expansión de las empresas pequeñas y medianas,
el aumento del potencial
de empleo del sector no estructurado y el incremento de
su productividad, y la
mayor distribución del capital accionario.
27. Los gobiernos
deberían aumentar la calidad de las condiciones de trabajo y
empleo resguardando y
promoviendo el respeto de los derechos básicos del
trabajador, incluida la
prohibición de los trabajos forzosos y del trabajo de
los niños, la libertad
de asociación y el derecho de asociarse y negociar
colectivamente, la
igualdad de remuneración para hombres y mujeres por trabajo
de igual valor y la no
discriminación en el empleo, aplicando plenamente los
convenios de la OIT a
los Estados que sean partes en esos convenios, y teniendo
en cuenta los principios
consagrados en esos convenios cuando se trate de
Estados que no son
partes, con miras a lograr de esta forma un desarrollo y
crecimiento económico
verdaderamente sostenibles.
28. Los sistemas
fiscales justos y eficientes son un importante
instrumento para
construir sociedades más inclusivas, tanto desde el punto de
vista de los efectos de
la redistribución como de los recursos que crean en la
sociedad y los intereses
que establecen en los servicios y sistemas de
protección social.
29. El desarrollo del
potencial de la mujer y su participación activa son
indispensables para la
integración social. Los programas y las políticas
deberían garantizar la
igualdad de género mediante modificaciones de las
actitudes y las
prácticas, estimular la plena participación y el desarrollo del
potencial de la mujer en
la vida social, económica y política, promover el
equilibrio de género en
los procesos de adopción de decisiones en todos los
planos y mejorar el
acceso a la propiedad de los recursos y a cargos de
responsabilidad. Deben
combatirse activamente las actitudes discriminatorias y
los estereotipos. En
este contexto, resultan fundamentales las políticas y
programas que permiten a
mujeres y hombres conciliar la vida laboral con la vida
familiar.
30. La educación es un
instrumento valiosísimo para promover la
participación y una
fuerza poderosa de integración social. La igualdad de
acceso de todas las
personas a la enseñanza y a la capacitación de alta calidad
es fundamental para
promover el aprendizaje de por vida. La educación también
debe promover la
tolerancia, la comprensión y el respeto de la diversidad
cultural, así como la
solidaridad.
31. La información no es
sólo un producto básico. El acceso a la
información es
fundamental para la participación plena en todos los ámbitos de
la vida, incluso en la
economía mundial. Se necesitan políticas que promuevan
enfoques nuevos,
eficaces en función del costo, inclusivos y participatorios en
la generación, difusión
y utilización de información. Para evitar que aumente
la brecha entre quienes
poseen información abundante y quienes carecen de ella,
particularmente entre los
países desarrollados y los países en desarrollo, deben
formularse estrategias
para establecer prioridades y promover inversiones
adecuadas, incluido el
acceso a la tecnología, a fin de promover la igualdad de
oportunidades para
todos. En este contexto, se deben adoptar medidas para
promover el acceso de
los países en desarrollo a la nueva "autopista de la
información".
32. Los medios de
información constituyen vehículos para el ejercicio de
la libertad de opinión y
de expresión, y deben ser sensibles a las muchas
necesidades de todos los
individuos. El acceso de todos a los medios de
información,
particularmente de los desfavorecidos y marginados, es fundamental
para aumentar la
participación en todos los aspectos de la vida. Los medios de
información de base
amplia, libres y pluralistas que tienen conciencia de sus
responsabilidades para
con la sociedad y que pueden preservar y adaptar la
diversidad y la
pluralidad de opiniones y perspectivas son esenciales para crear
sociedades inclusivas.
Esto se aplica tanto dentro de los países como en el
seno de la comunidad
internacional en general.
33. Para promover la
integración de los objetivos de desarrollo social en
los planos local,
nacional, regional e internacional, es preciso alentar a los
gobiernos, el sector
privado y la sociedad civil a que examinen las
repercusiones de sus
actividades en la integración social y en el desarrollo
social, entre otras
cosas, mediante el análisis de las repercusiones sociales,
las auditorías sociales
y la supervisión de las evaluaciones.
34. La asistencia y la
cooperación técnica en los planos bilateral y
multilateral deberían
basarse en el principio de la participación y los propios
países deberían
fomentarlas. El diálogo de política entre los asociados para el
desarrollo debería
basarse en el respeto mutuo.
35. En el contexto de la
mundialización, el sistema de las Naciones Unidas
y la comunidad
internacional, particularmente las instituciones financieras
internacionales, deben examinar
más a fondo las consecuencias sociales de sus
políticas y programas.
36. La colaboración y
las aportaciones de las comisiones regionales son
importantes para la
aplicación del Programa de Acción de la Cumbre Mundial sobre
Desarrollo Social[4].
Se invita a las comisiones regionales a que, en el marco de
sus mandatos, organicen
reuniones regionales de examen en preparación para el
examen mundial de
seguimiento de la Cumbre Mundial sobre Desarrollo Social que
se realizará en el
período extraordinario de sesiones de la Asamblea General en
el año 2000.
37. Se alienta a los
gobiernos a que proporcionen a la Comisión de
Desarrollo Social, en
forma voluntaria, información sobre métodos e iniciativas
de participación
específicos a todos los niveles. Se pide al Secretario General
que dé una amplia
difusión a esta información para que la Comisión pueda
examinar periódicamente
las lecciones aprendidas.
B. Aumento de la
protección social, reducción de la vulnerabilidad
y el aumento de las
oportunidades de empleo para los grupos que
tienen necesidades
específicas
38. Las políticas que se
ocupan de la vulnerabilidad deben basarse en una
comprensión adecuada de
la pobreza y de la exclusión social. Su objetivo no
debe limitarse a prestar
protección social sino que debe permitir a los
afectados salir de la
pobreza.
39. Las políticas y los
programas de desarrollo social deben crear un
entorno favorable para
los grupos vulnerables, desfavorecidos y marginados, en
especial los pobres, teniendo
en cuenta sus necesidades e intereses,
proporcionándoles
igualdad de acceso y oportunidades y facilitando su
contribución a la
sociedad y, por consiguiente, al proceso de desarrollo
nacional.
40. Las experiencias de
las personas pobres y marginadas deben ser tenidas
en cuenta por medio de
técnicas de participación para que, de esta forma,
faciliten el
mejoramiento de la eficacia de las políticas y los programas que
tratan de los intereses
de esos grupos.
41. Para aumentar la
protección social se requieren seguridad alimentaria,
servicios adecuados de
atención primaria de la salud, acceso a fuentes de agua
limpia, a los sistemas
de saneamiento, a la vivienda, a la educación, a recursos
como la tierra y el
crédito, así como oportunidades de participar en la vida
comunitaria,
particularmente para los grupos vulnerables, desfavorecidos y
marginados.
42. Donde existan
sistemas oficiales de protección social, o sea posible
establecerlos, éstos
deben desempeñar una función importante en la lucha contra
la vulnerabilidad y en
el aumento de las oportunidades de empleo. Es necesario
ampliar y fortalecer
esos sistemas y asignarles fines precisos en la medida que
permitan atender
adecuadamente las necesidades de los grupos vulnerables,
desfavorecidos y marginados.
Cuando corresponda, deben ser modernizados y
reformados para
ajustarlos a las nuevas condiciones imperantes. Todos los
gobiernos, dentro de los
límites de su capacidad, deben establecer o fortalecer
sistemas de seguridad
social destinados a los que necesitan apoyo y cuidado.
43. Las disposiciones de
protección social basadas en la solidaridad
cumplen una función
importante en la lucha contra la vulnerabilidad y en el
aumento de las
oportunidades de empleo, y deben ser fomentadas por los
gobiernos. Las redes de
seguridad social para todas las personas son un
componente fundamental
de las disposiciones de protección social basadas en la
solidaridad.
44. Es importante seguir
estableciendo y fortaleciendo asociaciones que
permitan a la sociedad
civil y al sector público cooperar con los gobiernos en
las políticas y los
programas encaminados a reducir la vulnerabilidad.
45. Las políticas para
reducir la vulnerabilidad deben apuntar a
fortalecer las redes y
organizaciones de la comunidad, incluida la familia,
reconociendo el apoyo
esencial que pueden suministrar.
46. La comunidad
internacional debe ayudar a los países en desarrollo que
lo soliciten, a crear
capacidades para elaborar y aplicar políticas y programas
destinados a eliminar
los obstáculos que enfrentan todos los grupos vulnerables
y marginados, y
facilitar un mayor acceso de esos grupos a la sociedad en todos
los aspectos.
47. Las estrategias y
políticas que tratan de la vulnerabilidad deben
desembocar en programas
que tengan en cuenta las condiciones particulares de la
vulnerabilidad en las
zonas rurales y urbanas.
48. Se deben iniciar o
fortalecer actividades para elevar la conciencia
pública y sensibilizar a
la población respecto de la necesidad de facilitar un
mayor acceso y participación
a los grupos y personas vulnerables, con miras a
crear sociedades mejor
integradas.
49. La ampliación del
empleo productivo es un medio fundamental para
erradicar la pobreza,
que es una de las principales causas de la exclusión
social en todos los
países. Hay que elaborar estrategias que tengan en cuenta
las necesidades
especiales y las aptitudes de grupos diversos, ampliar las
oportunidades de empleo
productivo y aplicar planes modestos de generación de
ingresos.
50. Está reconocida la
eficacia y pertinencia de los programas de
microcréditos como
instrumentos viables de erradicación de la pobreza,
generación de empleo
productivo y estilos de vida sostenibles, así como para
desarrollar el potencial
de las mujeres y otros grupos marginados. Por lo
tanto, hay que promover
activamente los programas de microcréditos a nivel
nacional para
desarrollar el potencial de los grupos pobres y marginados y con
miras a su integración
en el proceso económico y político de la sociedad. En
este contexto, es
fundamental contar con el apoyo de la comunidad internacional.
51. Los gobiernos deben
adoptar medidas, en colaboración, cuando
corresponda, con
empleadores y sindicatos, para eliminar la discriminación en el
empleo contra personas y
grupos vulnerables, desfavorecidos y marginados. En
las políticas se deben
tener en cuenta las necesidades especiales de los grupos
que son más vulnerables
en el mercado de trabajo, y promover oportunidades para
desarrollar u obtener
nuevas aptitudes. Las políticas laborales deben ser
particularmente
sensibles a sus necesidades, incluso estableciendo la igualdad
de remuneración, las
horas de trabajo flexibles, la protección adecuada de los
trabajadores a jornada
parcial y el acceso a fuentes de información y
capacitación, así como
la participación en sindicatos.
52. En los países donde
haya desempleo juvenil elevado, habrá que redoblar
los esfuerzos
encaminados a incrementar las oportunidades de empleo
satisfactorio para
ellos.
53. Se debe prestar atención
a la necesidad de conciliar la actividad
profesional con las
responsabilidades familiares, tanto en el caso de los
hombres como de las
mujeres, entre otras formas, por medio de servicios de
guardería asequibles,
apoyo a las familias y arreglos laborales flexibles.
54. Es necesario que se
reconozcan oficialmente el trabajo no remunerado
de utilidad social y las
actividades voluntarias, con el fin de elevar la
conciencia sobre la
importancia de estas actividades, en particular en el
contexto de la reducción
de la vulnerabilidad y de sus consecuencias. Con este
fin, hay que fortalecer
la labor sobre las metodologías apropiadas.
55. En los países en que
el sector no estructurado de la economía es
importante, son
esenciales las medidas que promuevan un entorno conducente a su
desarrollo. Se deben
fomentar y promover el empleo autogenerado, los planes de
autoayuda y los medios
de vida sostenibles y productivos, así como el desarrollo
de las cooperativas y
las empresas pequeñas, y ampliar el acceso al
microcrédito, en
particular el de los grupos vulnerables y marginados para
incrementar de esta
forma su autosuficiencia.
56. La eliminación del
trabajo de los niños se debe lograr como parte de
un programa más amplio
en el que la sociedad preste asistencia alternativa u
oportunidades
económicas; la OIT, en estrecha cooperación con el Fondo de las
Naciones Unidas para la
Infancia (UNICEF) y otras organizaciones de las Naciones
Unidas, presta apoyo a
las actividades nacionales para eliminar el trabajo de
los niños. El apoyo
financiero continuado de la comunidad de donantes al
Programa Internacional
de la OIT sobre la eliminación del trabajo de los niños,
es particularmente
importante; la OIT debe continuar su labor normativa en
materia de trabajo de los
niños, promoviendo la ratificación y aplicación de su
Convenio No. 138
relativo a la edad mínima de admisión al empleo (el Convenio
sobre la edad mínima,
1973)[5].
Los gobiernos deben apoyar la labor de la OIT
sobre la elaboración de
un nuevo convenio relativo a la eliminación de las
formas más intolerables
de trabajo infantil.
57. La educación en la
primera infancia, tanto estructurada como no
estructurada, es un
instrumento para reducir la vulnerabilidad y promover la
integración social
proporcionando a todos los niños las aptitudes básicas que
les permitan establecer
una base sólida para seguir aprendiendo. Es preciso
proporcionar suplementos
nutritivos, inmunización y cuidado primario de la salud
a todos los niños, tanto
de edad escolar como preescolar, para darles la
oportunidad de
encarrilar mejor sus vidas.
58. Es preciso prestar
especial atención a la adquisición por todos de
conocimientos básicos
como la lectura, la escritura y la aritmética y capacitar
a todas las personas
para que puedan adoptarse a los cambios tecnológicos,
económicos y sociales.
Para mantener y aumentar sus posibilidades de empleo, es
importante que tengan
acceso al aprendizaje permanente.
59. La educación general
a todos los niveles, desde el preescolar, debe
contribuir a incrementar
el entendimiento mutuo, la tolerancia y la comunicación
entre las culturas.
60. Se deben asegurar
oportunidades de educación iguales a todos los
niveles para personas
con discapacidades.
61. A todos los niveles
del gobierno se deben adoptar medidas apropiadas
para reducir las tasas
de abandono de la escuela, utilizando criterios amplios y
sensibles desde el punto
de vista del género en relación con las causas y las
soluciones.
62. Las actividades culturales,
los deportes y los servicios comunitarios
se cuentan entre las
actividades que contribuyen a integrar a todas las personas
en la sociedad y, por lo
tanto, deben ser alentadas y promovidas.
63. Se invita a las
comisiones regionales a que, dentro de sus mandatos,
sigan estudiando
cuestiones relacionadas con la vulnerabilidad, incluida su
relación con la
discriminación contra los grupos vulnerables, desfavorecidos y
marginados.
C. La violencia, la
delincuencia y los programas relacionados
con las drogas ilícitas
y el uso indebido de drogas como
factores de
desintegración social
64. La violencia, la
delincuencia y los problemas del uso indebido de
drogas y sustancias
ilícitas plantean un grave desafío a la estructura social de
todas las sociedades y
requieren la formulación de programas y políticas
específicos para su
prevención y supresión. Estos programas y políticas deben
abordarse como parte de
una estrategia integrada de desarrollo social y
económico que incluye
medidas apropiadas para hacer frente a estos problemas
pero que, al mismo
tiempo, procura comprender y eliminar las causas de tales
fenómenos.
65. Las mujeres se
encuentran en una situación especialmente vulnerable
respecto de los actos de
violencia, incluidas todas las formas de hostigamiento
y explotación sexuales.
La violencia contra la mujer constituye una violación
de sus derechos humanos
y libertades fundamentales y es incompatible con el
disfrute de esos
derechos y libertades. La violencia en todas sus formas,
incluida la violencia en
el hogar contra mujeres, niños, personas de edad,
migrantes y otras
minorías, y personas con discapacidades, entorpece el
desarrollo e impide el
pleno disfrute de sus derechos humanos y el logro de la
igualdad.
66. Los pobres, sobre
todo las mujeres y los niños, a menudo son las
personas más vulnerables
a todas las formas de violencia y abuso, incluida la
violencia en el hogar,
el tráfico de mano de obra y con fines sexuales, el
delito y los conflictos
sociales. Es importante que los sistemas de justicia,
los organismos de
represión y los servicios gubernamentales y de asistencia a
las víctimas sean
administrados de forma que, en la práctica, estén totalmente
al alcance de todos.
67. El uso indebido de
drogas afecta de distinta manera a las mujeres y a
los hombres. Es
necesario integrar la perspectiva del género en las estrategias
internacionales y
nacionales contra el uso indebido de drogas lícitas e
ilícitas. La
participación de la mujer en la planificación y ejecución de los
programas de prevención
del uso indebido de drogas es la clave para garantizar
que se tengan
debidamente en cuenta las cuestiones relacionadas específicamente
con la mujer. Hay una
necesidad de contar con un mayor número de datos
desglosados por sexo e
investigaciones sobre las diferencias relacionadas con el
género que se observan
en el consumo de drogas. Deben ponerse a disposición de
la mujer y el hombre,
sin discriminación alguna, centros de tratamiento y
desintoxicación para
toxicómanos.
68. Los adelantos en las
comunicaciones, el transporte y la tecnología han
dado carácter mundial a
la violencia, la delincuencia y el problema de las
drogas ilícitas.
69. Si bien es a cada
país que compete la responsabilidad principal de
la prevención del delito
y la justicia penal, las actividades relacionadas con
la violencia, la
delincuencia y las drogas ilícitas son de tal magnitud y tienen
un alcance transnacional
tan importante que cuando se trata de formular y
aplicar medidas eficaces
se requiere la cooperación y la coordinación
internacionales.
70. El hecho de que los
países en desarrollo hacen frente a graves
problemas, en la medida
en que deben luchar contra la falta de recursos, el
analfabetismo, el
desempleo y el subempleo, y el deterioro de las economías, da
carácter imperativo a
todas las formas de asistencia internacional. Hay que
subrayar también la
necesidad de prestar asistencia para aliviar la pesada carga
que se impone a sus
administraciones nacionales, el apoyo al marco jurídico
internacional y la
cooperación en la aplicación de la ley. También hay que
prestar apoyo técnico
para facilitar la aplicación efectiva de instrumentos
jurídicos.
71. La responsabilidad
principal compete a las autoridades nacionales y
abarca la lucha contra
la desintegración de las estructuras sociales, que
anteriormente pueden
haber desalentado a los individuos de recurrir al uso
indebido, el tráfico o
el cultivo y la producción ilícitos de drogas. La
promoción de una
estructura social cohesiva, apoyando al mismo tiempo
oportunidades de acceso
a fuentes lícitas de empleo e ingresos, puede contribuir
a la calidad del entorno
en que vive el individuo y puede constituir la mejor
garantía contra el
recurso al uso indebido o el tráfico de drogas. Corresponde
a la cooperación internacional
la función clave de complementar las actividades
nacionales.
72. El problema de las
drogas ilícitas tiene aspectos múltiples, por lo
que es preciso que todas
las estrategias de lucha contra ese flagelo se basen en
un criterio equilibrado y
amplio que tenga en cuenta todos los aspectos del
problema, con miras a
fortalecer la cooperación internacional en el marco de la
Convención de las
Naciones Unidas contra el Tráfico Ilícito de Estupefacientes y
Sustancias Sicotrópicas
de 1988[6],
y otras convenciones e instrumentos
internacionales
pertinentes. Los vastos recursos humanos y financieros
disponibles para el
comercio de drogas ilícitas, que en muchos casos exceden los
recursos de los
gobiernos nacionales, han dado carácter imperativo a la
coordinación y la
cooperación internacional para aplicar estrategias eficaces
contra las drogas. Los
países afectados deben recibir toda la asistencia
posible, incluida la
asistencia técnica, para mejorar la capacidad de todos los
organismos que combaten
el tráfico ilícito de drogas.
73. La aplicación del
principio de la responsabilidad compartida es
fundamental para todas
las actividades relacionadas con la cuestión de la
fiscalización
internacional de drogas.
74. El desarrollo
alternativo e integrado es un componente importante de
todo criterio para
resolver el problema de los estupefacientes, incluido el
problema de los cultivos
ilícitos. Debe promoverse este criterio mediante
medidas de participación
en el desarrollo social y económico en los países
afectados, entre otras
cosas, mediante la sustitución de cultivos y, cuando sea
necesario, con el apoyo
de medidas de represión.
75. El uso indebido de
drogas por los jóvenes aumenta en muchas partes del
mundo, y la situación es
particularmente crítica entre los jóvenes socialmente
desfavorecidos. El apoyo
de una vida familiar estable puede proporcionar una
protección vital contra
el uso indebido de drogas, especialmente entre los
menores. Ahora bien,
también es posible utilizar a grupos de jóvenes como
agentes activos en la
prevención del uso indebido de drogas. La cultura
orientada hacia los
jóvenes puede ser un valioso instrumento de concienciación.
Se deben utilizar todas
las tecnologías de la información, incluida la Internet,
para difundir información
sobre las consecuencias negativas del uso indebido de
drogas y sobre la forma
de buscar asistencia.
76. La educación es un
mecanismo importante para prevenir el uso indebido
de drogas por niños y
jóvenes. Conviene alentar a las instituciones de
educación a que pongan
en marcha programas de estudios que incluyan información
sobre los peligros del
uso indebido de drogas y la toxicomanía, y proporcionar
libros de texto
apropiados. Las escuelas deben también suministrar servicios
de orientación para
estudiantes y padres, y se debe impartir capacitación a los
maestros a fin de
prepararlos para estas actividades. Las actividades
extracurriculares, como
los eventos culturales y los deportes, pueden utilizarse
para emplear el exceso
de tiempo libre y sin supervisión. Se deben desarrollar
programas especiales
para los jóvenes fuera del sistema educativo
estructurado.
77. Hay que dar
oportunidad a los jóvenes para que expresen sus opiniones
y discutan entre ellos
los problemas relacionados con el uso indebido de drogas
y la toxicomanía, y
alentarlos a participar en la determinación de soluciones
eficaces.
78. Es preciso
proporcionar capacitación e información pertinente y
prestar asistencia a los
trabajadores que tengan problemas de uso indebido de
drogas y otras sustancias.
Como parte de su rehabilitación, debe proporcionarse
formación profesional a
los toxicómanos, a fin de ayudarlos a obtener trabajo e
integrarse mejor a la
sociedad.
79. Las políticas para
prevenir, tratar, rehabilitar y reintegrar
socialmente a los
toxicómanos deben incluir capacitación adecuada para médicos y
trabajadores sociales
que estén en contacto con los toxicómanos. Para mejorar
la prevención y ayudar
con eficacia a los toxicómanos, es preciso que se
conozcan los efectos inmediatos
y a largo plazo del uso indebido de drogas en la
salud física y mental y
en la vida social de la persona, y que se distribuya
información sobre
tratamiento apropiado y organizaciones especializadas.
80. Hay que reconocer y
promover la función clave que corresponde a los
medios de información a
fin de garantizar la difusión de información sobre los
peligros del uso
indebido de drogas y la toxicomanía.
81. Se reconoce cada vez
más que la sociedad civil, incluidas las
organizaciones no
gubernamentales y las organizaciones de base comunitaria,
deben actuar como
asociados de los gobiernos en la lucha contra el uso indebido
de drogas. Estas
organizaciones trabajan activamente sobre todo en los campos
de la prevención, la
rehabilitación y la integración social. En muchos países,
las organizaciones no
gubernamentales son las principales proveedoras de
vivienda y asesoramiento
a las víctimas de la violencia. Es conveniente
continuar prestando
apoyo a esas organizaciones.
82. Es preciso respaldar
la función de los órganos pertinentes de las
Naciones Unidas, en
particular el Programa de las Naciones Unidas para la
Fiscalización
Internacional de Drogas (PNUFID), en la reunión sistemática de
datos desglosados por
sexo, así como en la investigación de los efectos sociales
y las causas subyacentes
del uso indebido de drogas y otras sustancias. Estas
actividades deben
realizarse en estrecha cooperación con los órganos, fondos y
programas pertinentes
del sistema de las Naciones Unidas, así como con otras
instituciones
pertinentes. El PNUFID cumple una importante función en el
suministro de asistencia
técnica para la reducción de la demanda. En este
contexto, debe alentarse
el intercambio de las mejores prácticas aplicadas a los
niveles subregional,
regional e internacional.
83. Esperamos con
interés el período extraordinario de sesiones de la
Asamblea General, de
junio de 1998, dedicado a la lucha contra la producción, la
venta, la demanda, el
tráfico y la distribución ilícitos de estupefacientes y
sustancias sicotrópicas
y actividades conexas, y alentamos a la comunidad
internacional a que
asegure su éxito. En este contexto, es conveniente la
participación a un nivel
político alto. Tomamos nota con reconocimiento de la
decisión ya tomada por
varios Jefes de Estado y de Gobierno de participar en el
período extraordinario
de sesiones.
[1] Figura en el Informe del 36º período de sesiones de la Comisión de Desarrollo Social celebrado del 10 al 20 de febrero de 1998.
[2] E/CN.5/1998/2.
[3] Resolución
217 A (III) de la Asamblea General.
[4] Informe de la Cumbre Mundial
sobre Desarrollo Social, Copenhague, 6 a
12 de marzo de 1995 (publicación
de las Naciones Unidas, número de venta:
S.96.IV.8), cap. I, resolución 1, anexo II.
[5] Organización Internacional del
Trabajo, Convenios y recomendaciones
internacionales del trabajo, vol.
II, 1952-1976 (Ginebra, Oficina Internacional
del
Trabajo, 1996), págs. 525 a 537.
[6] Véase Documentos Oficiales de la
Conferencia de las Naciones Unidas para
la aprobación de una Convención
contra el tráfico ilícito de estupefacientes y
sustancias sicotrópicas, Viena, 25 de noviembre a
20 de diciembre de 1988,
vol. I
(publicación de las Naciones Unidas, número de venta: S.94.XI.5).